Autor de la fotografía Raimon Santacatalina

martes 9 de febrero de 2010

poemas de juan carlos garcía hoyuelos


Juan Carlos García Hoyuelos, España


BESOS PROHIBIDOS


Antes del amanecer,
aprovechándome de a la aún
bóveda de azabache,
subiré hasta la cima
del cerro a ver morir
a las estrellas que oyeron
estremecer de pasión
nuestros besos prohibidos.

Subiré con alas de pájaro, descalzo,
por el inclinado hombro
donde desde mi ventana
veo a la luna como descansa.
Embriagada de rocío, la tierra
silenciará mis huellas
que persiguen vuestro olvido.

Llevaré a cuestas los entresijos
de un amor prohibido,
de cortas primaveras e inviernos
que sobre mis brazos
son extendidos, a su libre albedrío.
Nuestro amor anida
en la noche,
irrumpe manso
del irrisorio tumulto.

Antes del amanecer,
confundido con el tul
negro que agita el cárabo,
subiré hasta la cima
del cerro a ver morir
a la luna que esconde,
en el lado que le prestó a la noche,
nuestros besos prohibidos.





VERSOS


Vuelvo a escribir, aconsejado
por la inerte forma
de mi sombra.
Con una aspiración empiezo:
no quiero ser poeta, quiero ser un verso.
De Bécquer, una golondrina sin regreso,
o un río susurrando a los amantes,
el Duero, de Gerardo Diego.
Un soneto, una metáfora, el amor
humillado y aun así enamorado,
lo prefiero, a saborear atardeceres
nublados por nimbos de tedio.

Invento rítmicas ondas
expandiéndose en las frases,
compendio de sentimientos
a lo ancho de una vida,
la mía, diré, aunque de ella
no soy dueño, sólo
su sonoro instrumento.
Me iré y vosotros, resguardados
en los estrechos renglones,
permaneceréis lozanos, quizá abolidos
por el oscuro olvido,
e indiferentes, eso sí, no tengo
la menor duda, a mi horizontal cuerpo.

Soy un puerto para la poesía,
prólogo reflexivo, idéntico epílogo
pero con distinta rima.
Todo, menos un verso.
Qué énfasis pongo, qué dureza
descargo, al reafirmarme de lo dicho,
en los luxados acentos.





Gárgolas blancas, desnudas
aguardáis mis pensamientos.
Os contaré algunos, otros omitiré,
aquellos que me embriagaron
de penuria y desamparo,
aquellos hundidos en el dolo,
aquellos, ¿para qué?.

Y si no puedo daros rima,
raíles que os conduzcan
a un destino, la libertad
os concedo, gloria en el silencio.
Sois afortunados, vais donde
la inexistencia finge espacio.
¡Escapad!, ¡rápido!, antes
de que quede rígido vuestro vuelo.

Versos. Por no ser uno
de vosotros, los míos quemo.
Atrás, el fuego me reclama,
y al girarse la curiosidad,
la memoria halla en llamas.
¡Ay de mí!, comprendo, primero
se es poeta y luego –nunca seré- verso.

domingo 7 de febrero de 2010

poemas de ana maría fúster lavín

Ana María Fúster Lavín, Puerto Rico








El alma en fuga





“Todo estático,
menos la sangre mía y la voz mía,
y el recuerdo volando.”
Julia de Burgos,
Velas sobre un recuerdo.








Inicio mi exilio,
acurrucada entre mil recuerdos
mi vientre y la luna,
la soledad y los sonidos del silencio:
todos son relativos a la luz.

Avanzo despacio,
sin desiertos ni avenidas
las calles se abandonan a mi paso;
mi geografía sigue encadenada a la oferta y la demanda.

La muerte está lejana, tampoco la temo;
mis manos sobreviven descaradas de palabras
y desde otro naufragio de lunas recojo las letras
pues siempre hay rastros de poesía
hasta en el instante de la huida.

Selene, hambrienta deseos apalabrados,
busca la luz de otros tiempos, o ¿del nuestro?,
la flor de un calendario, o un nuevo mapa,
tan sólo arranca pétalo a pétalo hasta la última hoja.

Allá en la cercana lejanía
un volcán incinera las pesadillas,
mientras el faro marca el horizonte;
queda un mes para decir si hay vida o retorno
allí donde el sol sorprende a la soledad
hasta deshojarla de miedos
cuando el capullo se abra ante el milagro del niño que ya es hombre,
se asome al mar, hidrate sus labios
y pueda gritar versos sin cadenas
el amor del poeta
un parto de gorrioneso la libertad de una isla.








Desde el desierto de las sombras







Estoy en el desierto de las sombras:
aquí, la muerte serena tomó café junto a mi reflejo,
una niña observa,
sólo queda la dorada huella de sus pies sin cuerpo
desde su boca de lágrimas navega el mar de los exilios.
Creí soñar con su mirada,
con sus manos al cielo, tan pequeñas,
que acurrucaron mis dolores y sonreían en mi aliento
danzar quise junto a su recuerdo,
pero, como siempre, huye.

Aquí, la noche es una ventana hacia el abismo.
Me asomo, me falta el aire
y un abandono de silencios duele en el alma
y la venganza es un eclipse de miedos deshabitados
Sigo aquí, aunque la soledad me hace el amor cada mañana...
no tengo miedo,
los minutos me aman en las noches.

Mi diario sobrevive con arena y versos ajenos;
secretos de nuevas risas, espejos y caricias.
Pero a página llega a su fin,
y pretendo morir bajo el árbol de su nombre de niña perdida
porque talaron hasta la última primavera de una ciudad sin cuerpos.

Recuperé la voz en el desierto de las sombras
fue tarde, demasiado tarde…
Mis palabras peregrinaron tras las huellas de sus ojos,
respiró el aire de mi sombra alejada en otro eco
y es que el tiempo jugó a la ruleta con un pirata,
muriendo sangres de manantiales deshidratados
y así como el poeta, tampoco me quedan muertes para nacer,
sólo unas cuantas botellas vacías y la espera…








Desembarco







El desierto de las sombras cerró sus puertas
su letrero dice CERRADO
Beware.
escombros iluminados bajo la lluvia
que muerden sus mentiras,
y se columpian ante el adiós.
Beware…

Le damos la espalda.

Ahora,
un mundo de ojos se abre sobre el puerto,
llegamos,
y llueven dolores sobre la espalda del poeta,
como pétalos sobre las pupilas de un niño;
La mujer sonríe la última lágrima,
mientras la niña recoge corchos
Y pinta sueños sobre maderas de barca.

Adiós melancolía,
adiós a los besos azules
y a los cerrojos de aquellas sábanas sin estrenar.

Sí, llegamos,
las alas aplauden a nuestro paso,
hubo muertes,
(mi hija muerta);
los silencios náufragos, fueron tantos,
Como las margaritas crucificadas en noches de despedidas.
El mar engulle los exilios del miedo,
Se los lleva, a todos y sus miserias,
También, nos desvuelve las miradas.

Amanece….

sábado 6 de febrero de 2010

tres poemas de alpidio alonso grau

Alpidio Alonso Grau, Cuba








RONDA





Para Madelín Pérez Noa,
eterna niña con pincel.






En el centro del cuadro hay abierta una flor.
Sobre la flor,
Un mar cercado por sus pétalos blancos.

En el pequeño mar
flota una pelota:
amarilla, infantil,
casi gigante.
(¿Es una pelota
o es barco?)

Sobre ella
está parado un niño:
pequeño príncipe
que, descalzo un pie,
en su última travesura,
eleva hacia nosotros
uno de sus zapatos.
Lleva una boina oscura
Con estrella.

El resto es luz; aquella luz
de encandilante rayo,
que solo por momentos deja ver,
o mejor, escuchar,
la ronda que hacen
los pájaros alzados,
otros niños,
las casitas humildes
tras los árboles,
el arco de colores, la hierba, los insectos,
mil criaturas del viento,
una flor que se dobla,
y un caballo.

De: Tardos soles que miro. Casa editorial abril, La Habana, 2007.









NO SON DE LA INTEMPERIE







No son de la intemperie estos lugares
cuya frialdad nos sobrecoge tanto
y nos zambulle el rostro en el espanto
de no reconocernos en los mares
turbios de eternidad; que en altos lares
va el hombre de su senda recorriendo
los días escogidos, ya venciendo,
ya por los días de su amor vencido,
roto de luz y asombro, inadvertido
el ser que sin remedio ha sido siendo.

Uno anda así solo con mil puertas
por arenales de verdad y olvido,
bocacalles de hambre; ajeno el ruido
de tus pasos que avanzan por inciertas
escalas que vencer en las abiertas
intemperies; y no es ni la marisma,
ni el viento simulando que se abisma
en las márgenes sordas, sino el juego
de la nada y los sueños, el trasiego
del hombre y su ilusión: la vida misma.

De: Tardos soles que miro. Casa editorial abril, La Habana, 2007.








SER DE ISLA







Isla ha de suceder que el pájaro pregona.

Si el cáñamo se inclina,
y el rocío acaricia,
y cierta mala sombra encona
tu dolor, y se alza
de neblina
el puente que se inicia
bajo una lumbre falsa,
por donde leves almas
se ocultan… era la playa donde
sus pies mojaron luego
tus queribles fantasmas. Cerca de palmas,
cañaveral, gruta que esconde
la raya mineral y el pájaro de fuego.

Costa de azogue y esmeril
donde el denso salitre respiran
las caletas y esteros de senil
blancura hacia los dólmenes expiran
y hacia la eternidad. Por esos troncos
negros en otros tiempo descendieron
las reses, a hierro marcadas por marineros
roncos
que desde el puente vieron
con pavor brillar los ensenachos. Todo con tal
de que el patriarca lea
el mapa del ciclón en tu mano y des
el santo y seña a la madre de agua una vez
de tus días, y la crecida baje y todo sea
como quien dice: “sangre”, “horizonte”, “vitral”.

Vitral como quien dice:
“Ya no seremos dioses”. Apellidos
te fijan como un ancla, caballos
y arsenales que vieron los playazos.
Ya no seremos otros. Aquella rama dice
El pánico y los ruidos
Melancólicos que la brisa te manda, mayos
Que traen la primavera en brazos.

Patria de los ojos, allégate los vastos
acaeceres
que son tu cobertizo, leños
de tu hogar, animalillos, rosa de tus seres.
El alma de los pequeños
No está en un cenicero.
Piedra de horno, girasol, pájaro agorero.


De: Tardos soles que miro. Casa editorial abril, La Habana, 2007.

jueves 28 de enero de 2010

PERIPLO DE UN POEMA-Elena Liliana Popescu

Elena Liliana Popescu, Rumania



PERIPLO DE UN POEMA

por Elena Liliana Popescu

El poema Daca (Si), escrito hace muchos años, se incluyó en el libro Cânt de Iubire − Song of Love (Canto de amor), publicado por la editorial Herald de Bucarest en 1999, en edición bilingüe rumano-inglesa, traducido por Adrian George Sahlean. La segunda edición, revisada, aparecería en 2007 (Editorial Pelerin, Bucarest & Editorial Lumina Lina, Nueva York). Au urmat apoi volumele Cânt de Iubire − Pesma Liubavi (Editorial Savez Srba u Rumuniji, Timisoara, 2001), versión bilingüe rumano-serbia con traducción del poeta Draga Mirjanič, y la versión china del libro Cânt de Iubire (Taipéi, Taiwán, 2006), traducida por el poeta taiwanés Lee Kuei-shien. Canto de amor, la versión española de dicho libro cuya traducción finalizó en 2002 y fue llevada a cabo por el traductor español Joaquín Garrigos junto al poeta peruano Moisés Castillo, se encuentra en prensa en Chile. Canto d’amore, versión italiana de Cânt de Iubire, se realizó en 2004 por el poeta y traductor italiano Stefano Strazzabosco, y la francesa Chanson d’amour, por la traductora Estelle Variot, buena conocedora de la lengua rumana.
Muchos poemas de los libros publicados fueron traducidos a diversos idiomas por distintos traductores y publicados en antologías y revistas literarias en Rumania y en el extranjero. Si se encontraba, en numerosas ocasiones, entre los poemas elegidos por los traductores.
En un momento dado, al constatar que el número de esas traducciones aumentaba lo bastante, surgió la idea de publicar un volumen integrado por este poema acompañado de versiones en distintos idiomas. Se planteó el problema de su publicación en el extranjero, ya que despertaba el interés de ciertos editores por la particularidad del libro, en el cual el multilingüismo se manifiesta en relación a un único ejemplo, a saber, a un poema nacido en una lengua que no es de gran circulación. No sucedió así, quizá por mi convicción de que justamente por esa razón el libro habría de aparecer en el país donde se habla, preferentemente, la lengua en la que fue escrito: la lengua rumana.
El poema Si ha sido leído tanto en el idioma original como en traducciones en el ámbito de lecturas de los festivales internacionales de poesía, en las ferias del libro de Rumania y del extranjero o en otros encuentros literarios en los que he participado. En mi periplo literario, he encontrado poetas y traductores extranjeros que conocían la lengua rumana o las lenguas en las que el poema ya había sido traducido y nuevas versiones, la mayoría partiendo del original, se fueron añadiendo paulatinamente a las ya existentes.
No ha sido un camino fácil, mas la solidaridad humana a veces puede revestirse con las vestiduras más poéticas y eso mismo es lo que ocurrió en este caso feliz.
Un mensaje de amor, una única pregunta dirigida a nosotros mismos que asumimos el esfuerzo de buscarle una respuesta, la sugerencia de indagar la naturaleza del universo, de aspirar a la perfección, a la armonía y a la comprensión de la renovación perpetua de la vida misma.
Para que este libro exista ha sido necesaria la colaboración de muchas personas de diferentes campos, poetas, traductores, profesores universitarios en especial del terreno de la filología, lingüistas, pero también investigadores matemáticos, físicos o de otras ramas. Sin el talento, la generosidad, la competencia, la seriedad, el entusiasmo y la tenacidad de todas estas personas en verdad admirables, amantes de la poesía, la aparición de este libro no habría sido posible.
En este sentido, desearía dar las gracias, en primer término, a los que firman las traducciones del presente volumen y que relaciono según el orden en que aparecieron las traducciones, orden mantenido también para las versiones incluidas en el libro: Adrian George Sahlean, Draga Mirjanić, Estelle Variot, Joaquín Garrigós, Tudor Zamfirescu, Jan Willem Bos, Luciano Maia, Stefano Strazzabosco, Alla Ditta Raza Choudary, Lee Kuey-shien, Madeleine Davidsohn, Raúl Lavalle, Ángel Zuazo López, Prima Roza, Edy T. Baskoro, Baki Ymeri, Helena Ramos Baki, Lidija Dimkovska, Awais Naem, Tomáš Vašut, Nana Bizinasvili, Irena Oder, Eduardo Moga, Ignacio Medina, Mariluz Suárez, Aarne Ruben, Asad Naeem, Eliazar Solorzano, Theodora Theohari Apostolidis, Utkir Rozikov, Pia Tafdrup, Miloud Homida, Won You-Suk, Clara Antinao, Ali Narçın, Sergii Luchkanyn, Olga Strashenko, Madlen Gukasian, Roman Kissiov, Attila F. Balázs, Jitka Rožňová, Mohammad Sadeq Basiri, Åsa Apelkvist, Anca Focşeneanu y Mieko Hirano.
No menos importante es el esfuerzo de los que se han implicado de una u otra forma en el proceso largo y complejo de la elaboración del libro Si. Cito entre estos hombres de cultura a escritores, docentes universitarios e investigadores, profesores de distintas especialidades y periodistas rumanos y extranjeros pe Moisés Castillo, Malkhaz Shashiashvili, Toomas Kiho, Manuel Quiroga Clerigo, Irina Anatolievna, Alexander Kondratiev, Antonio Gracia, Pepe Sánchez, Mihai Maxim, Áron Gaál, Mihai Stepan-Cazazian, Vlad Copil, Vicenţiu Rusu, Marina Dumitriu, Dinu Luca y les agradezco a todos la ayuda prestada.
De igual forma les expreso mi agradecimiento a los editores rumanos y extranjeros que publicaron el libro Canto de amor en el original o traducido, en Rumania y en el extranjero, a los editores de las numerosas revistas literarias rumanas o extranjeras que contribuyeron mediante la publicación de este poema a su difusión en distintos grupos o medios literarios de Rumania y de muchos otros países del mundo. Recuerdo solo algunos nombres ya que su número es mucho mayor: Ion Mihai, Aurelian Scrima, Theodor Damian, Cassian Maria Spiridon, Valeriu Stancu, José Ángel Leyva, Lina Zerón, José María Piñeiro, José Luis Zerón, Rodolfo Bucio, Omar Lara, Stan V. Cristea, Augustin Popescu.
Les agradezco a quienes se han referido a la poesía que escribo en el marco de las distintas presentaciones de autor en artículos de revistas, prólogos o epílogos escritos para los libros publicados. Entre ellos, quiero mencionar varios nombres: Gheorghe Glodeanu, Fernando Aguiar, Sabas Martín, Manuel de Jesús Velázquez León, Ramón Acín, Edwin Yllescas, Ramón Fernández Palmeral, Andrei Ionescu, Solomon Marcus, Borislav Crstici. Recuerdo a los que ya no están entre nosotros: Dan Slusanschi, Cezar Baltag, Laurentiu Ulici.
Un papel importante para decidirme a publicar este volumen ha sido el impacto que esta poesía ha tenido en los lectores de la página de internet http://www.elena-liliana-popescu.ro/ creada en el año 2003 y administrada con éxito por A. I., página que contiene datos sobre mi trayectoria poética, entre estos hay poemas en original y traducidos. Muchos de estos poemas, entre los cuales se encuentra muy a menudo Si, se han tomado y publicado en distintas páginas de internet o blogs nacionales o extranjeros.
Este volumen no habría aparecido sin la comprensión, apoyo y cariño de mi familia, a la cual manifiesto mi reconocimiento también por esta vía.
Cualquier sugerencia, observación o propuesta para completar este libro con nuevas traducciones será bienvenida para una futura edición.

Traducido del rumano por Joaquín Garrigós
Poema en varios idiomas

ELENA LILIANA POPESCU

Dacă - un singur poem
(Si se pudiera, Ed. Pelerin, Bucarest, 2009)
Dacă s-ar putea vreodată
să măsori nemăsuratul,
să cuprinzi nemărginirea,
să stai, străbătând neantul,
să fii nici unul, nici altul.

Dacă s-ar putea vreodată
neiubind să fii iubirea,
nesperând să fii speranţa,
nevorbind să fii vorbirea,
negândind să fii gândirea.

Dacă s-ar putea vreodată
să auzi neauzitul,
să priveşti în nevăzut
şi să afli neştiutul,
ar urma iar începutul?


If

If you could ever
measure the immeasurable,
take in the boundlessness
and, walking across nothingness,
be neither one nor the other;

If you could ever
be love without loving,
be hope without hoping,
be speech without speaking,
be thought without thinking;

If you could ever
hear the unheard,
look into the unseen
and learn the unknown −
would there be a new beginning?

English version: Adrian G. Sahlean


Si se pudiera


Si se pudiera alguna vez
medir lo inconmensurable,
abarcar lo ilimitado
y, atravesando la nada,
no ser lo uno ni lo otro...

Si se pudiera alguna vez
ser amor sin amar,
ser esperanza sin esperar,
ser palabra sin hablar,
ser pensamiento sin pensar...

Si se pudiera alguna vez
escuchar lo inaudible,
mirar lo invisible
y aprender lo ignorado,
¿habría un nuevo comienzo?

Versión español: Joaquín Garrigós


S’il t’était possible

S’il t’était possible, un beau jour,
de mesurer l’incommensurable,
de prendre dans tes bras l’infini,
de rester figé, en parcourant le néant,
de n’être ni l’un, ni l’autre,

S’il t’était possible, un beau jour,
d’être l’amour sans aimer,
d’être l’espérance sans espérer,
d’être la parole sans parler,
d’être la pensée sans penser,

S’il t’était possible, un beau jour,
d’entendre ce que l’on n’entend pas,
de regarder dans ce que l’on ne voit pas,
et d’apprendre ce dont l’on ne sait rien,
en reviendrait-on à nouveau au commencement?

Version Française: Estelle Variot


Se

Se possível fosse um dia
medires o imensurável,
abarcares o infinito,
te deteres sobre o nada,
năo seres um nem o outro.

Se possível fosse um dia
sem amar seres o amor,
sem esperar, a esperança,
sem falar, seres o verbo,
sem pensar, o pensamento.


Se possível fosse um dia
ouvires o inaudível,
olhares o invizível
e achares o năo-sabido,
seria um novo começo?

Versão portuguese: Luciano Maia

Se si potesse

Se si potesse un giorno
misurare l’incommensurabile,
abbracciare l’illimitato,
e attraversando il nulla,
non essere l’uno né l’altro...

Se si potesse un giorno
essere amore senza amare,
essere speranza senza sperare,
essere parola senza parlare,
essere pensiero senza pensare...

Se si potesse un giorno
udire l’inudibile,
vedere l’invisibile
e apprendere l’ignoto,
ci sarebbe un nuovo inizio?

Versione italiana: Stefano Strazzabosco


Ahal balitz

Ahal balitz noizbait,
neurtezina neurtzea,
amaigabea besarkatueta,
ezereza zeharkatuz,
ez izatea
ez bata ez bestea...

Noizbait ahal balitz
maitasunik gabe maitasuna izan,
itxaropenik gabe, itxaropena izan,
hitz egin gabe, hitza izan
pentsatu gabe, pentsamendua izan...

Noizbait posible balitz
entzunezina entzutea,
ikusezina ikustea,
eta ez jakina ikastea,

hasiera berri bat izango ahal litzateke?


Traducción al euskera: Miren Eukene Lizeaga

martes 26 de enero de 2010

Poemas de caridad gonzález sánchez

Caridad González Sánchez, Cuba








ALBEDRÍO







La ciudad se ha dormido.
El loco canta.
María de las Nieves Morales







La calle está despierta.
Se entretiene a puro salivazo el aprendiz,
recoge el vino turbio de un desliz y escupe de dolor.
Cuánto no tiene, cuánto le falta si la noche viene
decapitando el rezo en una escoba. Bajo su piel
un grito va y le roba acentos de algún lunes.
Su resabio lo hace profundamente menos sabio
mientras la noche sueña en otra alcoba.
La calle está despierta.
Un aguacero ensarta su espejismo en el papel.
Tras otra lengua el aprendiz infiel
disimula su herrumbre en el ropero.
Sobre un falso designio, lisonjero, el portal lo ensaliva.
Nunca duerme.
Perdonado el tahúr.
Solo lo inerme
empaña la armadura del escriba.
La calle está despierta
nadie iba salmodiando el perdón.
La noche duerme.
La calle se retracta y es un pez desarponado al sol.
Libre de furia, el aprendiz absorbe su lujuria
y enrola en la ventana otra preñez.
Regurgita al entorno su doblez y escupe de emoción
en las esteras. El viento lo desnuda.
¿No hay tijeras capaces de cortar los sortilegios?
Vuelve al marasmo gris de los colegios
y la noche se adentra en sus ojeras.
La calle no madruga,
se desliza en su bragueta impía y desolada
pantomima fugaz y retardada,
último intento de la suave brisa.
¿Y quién rompió su voz, cuál es la prisa
el aforismo incauto?
¿Quién blasfema y quién se asfixia
cuando el leño quema
el filo de la espada del mendigo?
¡Con qué fuerza se aferra en el postigo el aprendiz!
La calle es su dilema.
Y la noche lo acoge sin bautismo, sin confesión
sin reclamarle nada y lo abduce, quizás, enajenada
y triste de salvarlo de si mismo.
La noche lo ensaliva de lirismo
y rompe sus meandros en la acera.
Fantasmas de pared.
La noche es fiera y amasa su cordura y su inocencia.
Dos lunas
un violín
una sentencia
y el aprendiz de loco desespera, y se quiere mudar
a un condominio, a un planeta distante, a una manzana
a un árbol desgajado, a una campana, o a un mundo
donde imponga su dominio.
Pero llueve en la calle.
¿Qué designio le pudre al condenado su lasciva?
Ya no tiene antifaz
tan solo iba limpiándose los ojos.
¿Quién penetra y lo induce a cambiar
letra por letrasu última oración a la deriva?
¡Y si el reloj del parque se callara y no diera la hora
ni el minuto, si el sueño fuera un barco diminuto
que perdido entre olas naufragara?
¿Y si el reloj del parque lo embrujara
y le hiciera más cruel su lento paso,
el loco admitiría su fracaso?
Sonámbulo, se excita con la lluvia,
dialoga con la flor mientras diluvia
y ensaya su perenne salivazo.
¿Otra vez hay bullicio?
¿Qué desea cuando mueren las horas, cuando cubre
con su demencia el sueño de un octubre
trazado en la memoria, cuando vea
detenerse el adagio en la marea
y regresar de noche a las guitarras?
¿Y si el reloj pernocta sin amarras y deja de tocar?
En el camino hay un rastro de nubes y un molino
que intenta desprenderse de sus garras.
La calle está encendida.
En sus vidrieras el mundo se detiene.
¡Cuántas luces!
El aprendiz se inclina, está de bruces
espiando el olor de las maderas.
Son espacios comunes, madrigueras
para morder su mano.
El loco llora.
Mudo salto al cristal.
El loco ignora.
Sus piernas son de luz, el vientre infame.
Fantasmas de pared.
El loco lame
maldice y se desangra.
El loco implora medianoches sin lunas.
Poco alpiste y las aves se marchan al averno.
¿Para qué desnudarse en el inviernos
i nadie piensa que la nada existe.
Fantasmas de pared.
El loco es triste,
le cimbra el armazón que lo amamanta
le escuece el salivazo en la garganta
y rumia de dolor en la escalera.
¿Y si el reloj del parque se cayera?
La ciudad se ha dormido.
El loco canta.
_____________
CARIDAD GONZÁLEZ SÁNCHEZ (LA ABUELA). (Santa Clara, 1945). Técnico medio en Bibliotecología. Ha obtenido premios y menciones en diversos concursos, entre ellos: Ala Décima (La Habana), “Antonio Hernández” (Caibarién) y “Limendoux” (Camajuaní); en el 2003 alcanzó el segundo lugar en el premio nacional de glosas “Alrededor del Punto”, convocado por la Casa Iberoamericana de la Décima El Cucalambé, en Las Tunas. Su primer libro, Décimas en D Mayor para violín y piano (Santa Clara: Editorial Capiro, 2002), se presenta como una suite donde se mezclan los sonidos musicales con la duda existencial, con las preguntas que se hace la autora –en la voz del sujeto lírico– acerca del destino, de los anhelos, la virtud, el optimismo... y un sinnúmero de preocupaciones, que pueden ser las propias o las de cualquier persona del planeta Tierra. Esta poetisa ha logrado insertarse, desde el taller literario, en el grupo de los poetas “publicados” y continúa por la vía de la superación, con la ganancia de premios en diversos certámenes decimísticos. Resulta, pues, un tanto excepcional que, a pesar de encontrarse Caridad González Sánchez entre las “mayores”, muestre atrevimiento y contemporaneidad en sus presupuestos composicionales desde su primer libro, hecho que ya sugería la evolución alcanzada en los años posteriores a su publicación.

(Fragmento de la investigación "La décima es un árbol: el movimiento ascendente de la décima escrita en Villa Clara a partir de 1959", de Mariana Pérez Pérez. Tomado del sitio La décima es un árbol). En el 2009, Caridad mereció el segundo lugar en el IX concurso nacional Ala Décima con su texto Albedrío.

domingo 24 de enero de 2010

poemas de aleyda quevedo rojas


Aleyda Quevedo Rojas, Ecuador










Hondo muy hondo








Me afeito la cabeza
y empiezan las preguntas
sobre lo que dejamos de hacer

La alfombra verde que se hace hierba
cuando la pisas y se extiende como
mancha de insectos sobre mis manos
aún permanece en la sala de televisión

Un presentimiento puro
sale de mí
Las preguntas cubren mi cabeza afeitada

¿Quién soy?

¿Quién soy?
Tal vez la mujer senos de ámbar
y pies helados que escribe versos
para reconfortarse
Más la poesía
solo logra descarrilarme
Como el tren rojo que soy
Ese tren que se abre paso
entre las montañas puntiagudas
y difíciles de algún país
Ese tren que nunca llega
a ninguna estación de humo
Esta mujer que emana voces
Trenes y más trenes
que me esperan
Versos para sobrevivir
¿Quién soy?
Quizá este cuerpo encendido
que aún guarda tus huellas en los pliegues.








El ansia de ser traspasada amorosamente







rompe los sentidos y turba mi noche
Es poco lo que alcanzo rozando la almohada
Hacer caballito en el sillón suave tampoco engaña
y deambulo por los pasillos de la casa
con los senos al aire y el cabello peinado
divina Safo coronada de violetas
dolencia de amor
el “olisbo” del padre Aristófano
finalmente entrará en mí.









Canto animal







Obedezco al llamado
de las cenizas de la mujer
enterradas al borde del cielo
son los restos de Alejandra Pizarnik
que descansan en mi territorio

Descalzos sus pies y los míos
sienten la madera
la astilla de los corazones
y el trabajo de las hormigas

Boca abajo
apretando los senos
contra la tierra y las hojas
respiramos los tallos
los breves encuentros con el amor

1972 yo nacía
el territorio estaba definido
tú te ibas con los "prófugos del mundo"
con esos pájaros que escogieron
estrellas no conocidas
en este espacio
reconozco tu último día
que siempre es el mío.

martes 19 de enero de 2010

poemas de elías letelier


Elías Letelier, Chile


El Origen del Fuego: Soneto LXIII





Dejo a las llanuras del olvido roer la memoria
y calmo insisto en degradar el vértigo del tiempo
hasta renunciar a cuanto amo y amando
volver a ser la idea de un extraño ser.

Exhausto subo a los límites de mi mordaza
y enroscado en la tutela amarilla de la tarde,
grito y tiemblo como el nervio de la esgrima
que en la punzada descubre una extraña quietud.

Amando, sin comprender como ha sido,
en las márgenes circulares de la imaginación
concluyo en los brazos del silencio, sin sus ojos.

Pregunto a mi pecho que oscila cubierto de sal,
pero las imágenes se quiebran en el alma
y continuo imaginario, ausente, sin luz.








Éxodos y Retornos



(elegía)




¿Cómo te llamas tú?
¿María Leal, la errante?
¿María Angélica Leal, la viajera?
¿María, la muerta?
¿Cómo te llamas tú?

Una gota que cae a las planicies del mar
pierde el registro de su cristalino nombre
y transforma en una oceánica multitud.

Todos acudimos a esta danza
y nos levantamos sin rastros, mustios,
como las voces de la lluvia
que no vuelven del mar
y retornan, en otra travesía,
al ejercicio circular de los nacimientos.
Los frágiles ríos transparentes,
por ejemplo,
donde las majestuosas serpientes fluviales,
que apresuradas desaparecen
en las mandíbulas subterráneas de los bosques,
vuelven a reemprender el ritual de sus viajes
en los campanarios de las flores suspendidas
o en los enmarañados ponchos de la clorofila.

Nuestros pies,
cuando se cansan,
tropieza en el mismo cuarto,
pero nada desaparece del corazón de la mujer
y del hombre que permanecen:
amando vivimos en un círculo perfecto
que nos permite alcanzar la paz.

Sólo basta con mirar el rostro de la multitud,
para saber donde están tus pasos
y entonces,
entonces,
entonces,
cuando pregunten por ti,
diré que Alfredo Labbe, sabe;
que la Myriam, sabe;
que la Marie y Patricio Ponce con su coro, sabe;
que la Catalina con su cubano, sabe;
que el Catoño sabe;
que Ramón Sepúlveda sabe;
o simplemente,
diré que estas en un rincón,
muy callada,
escuchando a la Nubia que canta.

Y cuando me canse de mencionar
tantos seres que te amaban,
al final,
después de Pablo y Gastón, y Gastón Leal,
miraré hacia la palabra taciturna de Luis Reyes
para que hable con toda su afonía.

Mas allá de las cenizas y el polvo,
prevalecen en los estantes del ojo/
las arquitecturas que se levantan en el corazón
y nada se desvanece.

Y ahora,
que la tarde ha caído sobre tu rostro
y los retratos suben apresurados a las paredes,
no volveré a preguntar por tu nombre
y tampoco insistiré en tu rostro,
me quedaré ausente,
danzando sobre los peldaños de mi memoria
y allí,
en ese conclusivo vértigo
hablaré con tu silencio y mi silencio
y la tarde volverá a encender
su ritual de permanencia y despedidas.



Abandono



Asisto al despojo del día
con su luto de marfil herido,
a la ausencia del que no volvió de la guerra,
que sin decir su nombre
quedó clavado en la monarquía del silencio.

Sin ser carpintero ni ir más lejos,
hago todo lo que pertenece al martillo:
me voy de golpe en golpe cantando
por el tajo abierto de la madera.
No tengo que cerrar los ojos
ni amanecer en la hoguera de la noche
para escuchar la navegada voz de la sal
que se ahoga en el imperio del agua.

Concurro al mundo sombrío del espejo,
al murmullo de una vasija rota,
a una figura estática que duerme
en la lengua metálica de un espejo roto;
pero, por sobre todo esos guijarros y derrumbes,
yo acudo a la ansiedad de una campana
que no puede sonar.

domingo 10 de enero de 2010

poema de jorge nunes


Jorge Nunes, Venezuela


Géminis
(Poema independiente incluido en la Antología Poética de Monte Ávila Editores, 1997)

Géminis
de tu infancia nada queda
Apenas uno que otro rasguño en las rodillas
y quizá la falda demasiado corta
sobre los muslos.

Géminis atrevidamente diseñada
sobre inmensos ojos verdes
extendida como hilo de seda
sobre un nombre que sabe a vodka
y transpira el olor de las estepas.

Géminis
de casaca roja
empuñando los senos como armas
mientras el sable
traza caminos rotos en el aire.

Géminis
de junios incestuosos
descubierta en la garganta del invierno
violada sin promesas
sacrificada a todos los tormentos
por ahí andan los negros sombreros de las brujas
cabalgando tu ternura en sus escobas.

Géminis
adivinada
intuida
Géminis
vikinga y sarracena
despedazada y destronada.

Géminis
afrodisíaca y tumultuosa
hiriente y sacrosanta
Géminis
ruidosamente silenciosa
acorralada siempre en tu sonrisa
como en una media luna adolescente.

Géminis
profana y profanada
escondida a gritos
detrás de unos caballos casi rubios
mordiendo las palabras lentamente
diluyendo los días por venir
sobre el reflejo de los días recordados.

Géminis
de tu adolescencia nada queda
Apenas uno que otro libro de lectura
unas medias cortamente tobilleras
y algunas risas de cinco de la tarde a la salida del liceo.

Géminis absolutamente renunciada
¿Dónde comenzó este desastre?
¿En qué guerra extraviaste tu inocencia?
¿En qué combaste perdiste para siempre tu ternura?

Géminis
piccola bambina
cuerpo de gacela blanca haciendo nubes
el pubis más oscuro
y el sexo ajeno a las más cotidianas alegrías.

Géminis
marmalade baby
¿Dónde están las mandarinas del verano
y las muñecas de aserrín
que decían mamá y hasta lloraban?

Géminis
Alicia miúda do país das insignificancias
¿Dónde para nunca los castillos de chocolate derrumbados?
¿En qué muelle para siempre las barcas de caramelo derretidas?

Géminis
cuento tus dedos de las manos y los pies
y me sobran números aún
para contar todas tus historias.
Cuento las lunas y los soles
los días de semana y los feriados
cuento tus lunares y cuento tus estrellas
y los números me sobran todavía
para contar todas tus tristezas.

Géminis de otoño
árboles grises y hojas secas.
Géminis de primavera
violetas y rosas extrañamente muertas.
Géminis de verano
nostalgia y girasoles
gaitas escocesas
y cisnes en los lagos.
Géminis de invierno
calles desiertas y lluvia en los cristales.
Géminis de nieve
Géminis erótica
Géminis de sombras inflexibles
Géminis desnuda en las postrimerías del orgasmo
Géminis de lenguas terminantes
poderosa
intermitente
y deleznable.

Géminis
de ríos caudalosos
montañas cálidas
y volcanes explosivos.
Géminis
huyendo hacia la casa del misterio
rescatando en Venus las promesas no cumplidas.

Géminis
diluida en finas transparencias
ciega sola
sobre arcoiris y relámpagos
Géminis
apetecida y apetecible
de ojos públicos
y vertientes inauditas.

Géminis
ofrecida
prestada
o tomada por asalto.

Géminis
creciendo desde otra edad
que no fue la infancia.
Géminis menuda
rostro lánguido
sobre el relieve de los senos púberes.

Géminis
huyendo por la noche
alcanzada
penetrada
oscurecida.

Géminis
de flores no regadas
de horas sumergidas
de hímenes desechos.

Géminis
desafiada
combatida y derrotada.
Géminis
aferrada a los presagios
inundada de horas y silencios
de falos no deseados
y húmedos paisajes escolares.

Géminis diminuta
creciendo siempre desde otra edad
que no la infancia
abordando naves lejanas a tu vida
Géminis terrena
vencida
vikinga y sarracena.

Géminis
nada queda
Apenas uno que otro rasguño
en las rodillas
quizá la falda demasiado corta sobre los muslos.
Géminis
nada queda
apenas uno que otro libro de lectura
unas medias cortamente tobilleras
y algunas risas de cinco de la tarde a la salida del liceo.

Géminis
de tu adolescencia y de tu infancia
nada queda.

Géminis
si no la niña
si no la joven
¿Quién eres entonces?
¿De qué oscuro maleficio
proviene tu locura?
¿En qué inextricable laberinto
te condenas?

Géminis
si no en tus quince transparencias
si no en tus quince dudosas estaciones
si no en tus quince desvanecidos cumpleaños
¿En qué mármol frío se anuncia tu esqueleto?
¿En qué tumba milenaria
vigilas tu aún no decretado nacimiento?

Géminis
invento mío
dulce pesadilla
de los años por venir
estate ahí
callada y circunspecta
sonríe desde mi memoria sin tormento
hoy es junio
y tu eres virgen todavía.

viernes 8 de enero de 2010

poemas de Marián Raméntol Serratosa

Marián Raméntol Serratosa, España






UNA MEJILLA COMO ÚLTIMO SERVICIO AL SUFRIMIENTO ANÓNIMO DE MIS LETRAS INTERMITENTES






La sombra de trapo que me nace en las encías
es como un iceberg en la boca de mi sexo.
La joroba de la frente, la espalda de la cavidad más oscura,
el subsidio en el que me sucedo
hasta besar el nombre subrayado, prometido
en todos los desiertos.

Para olvidar la estimulación del clítoris en mis zapatos,
como lo hago con el abecedario de repuesto
que llevo en mis paisajes,
me abandono a la infección traviesa de los ojos
a la mancha en el cuello de la frase
el día de su graduación.

Me rindo a la honestidad del semen indeclinable,
ese que apenas respira
bajo la hipérbole del adjetivo que nos observa desde la tumba,
para que se apodere de mi ropa,
de la corteza de todos los labios, de la virginidad del verso,
y me haga polizonte de la delicadeza de los cadáveres
cuando se prestan las palabras, los párpados
y el vello repetido en la memoria.

Más que el viento calle abajo,
necesito una mejilla como último servicio
al sufrimiento anónimo de mis letras intermitentes,
y la dimensión panorámica
sobre el abismo que llueve a fogonazos.








SOLO PUEDO DARTE EL AZUL CAPAZ DE MATAR





He visto el color de tu alma
como estigmas de plástico blando
intentando envolver para regalo
un amanecer de libro,
de orilla con dedicatoria ilegible,
de beso oculto en un pasado de día sereno,
apaciblemente húmedo y solo.

Te he visto escaparte de la línea,
amarrado al borde del verso,
con todo el planeta bajo el brazo,
provocando un sarpullido en la sintaxis
de cada uno de mis cajones partidos.

Sólo puedo darte el dolor de mis ojos,
la rosa donde revientan mis edades,
cada vez más pequeñas,
un par de sueños
durmiendo sobre papel de periódico,
la mirada anónima
de la farola que me vio morir, hace ya tanto,
el ladrido de los perros,
el vértigo de un dios desnudo
al saberse sin huellas dactilares,
el azul capaz de matar,
y la luz que me acompaña, indefensa.

jueves 7 de enero de 2010

poemas de francisco cenamor

Francisco Cenamor, España








aventuras de barrio







mis aventuras son de aquí de barrio

de amores imposibles cuando descubres a la chica
que en el tren te mira a los ojos cada mañana
haciendo cola en el banco con su novio

de miradas furtivas en la misa de once
que acaban en una cita en el discobar

de bares con olor a frito donde se niegan penaltis

de goles marcados al sábado
como si en ello nos fuese la vida

de aceras por descubrir
ínsulas extrañas do luchar contra los coches
los nuevos gigantes sancho

de valiente muerte juvenil
sobre las ruedas del fin de semana

de equipo de piernas para sillas de ruedas

de mujeres con depresión
que se asfixian subiendo al cuarto piso

de david ecologista intentando abatir
a goliath ministerio de obras públicas

de cola del paro y ley de extranjería

de olmos y plátanos por palmeras y lianas

sin salir de mi ciudad
el mundo se ha convertido
en una apasionante aventura







solo en barcelona






uno no se siente más yo
que cuando está solo en una ciudad que no conoce
y además hay calles desabridas
con hileras de dos faros que no se detienen
y oloroso silencio frente a la sagrada familia
ese esqueleto de fantasma
cuyas puntas se pierden en la noche del cielo
y el viento sopla frío
y las farolas están tristes
y las palmeras quedan ridículas en aquel frío
y por fin la rambla
donde paseamos todos los forasteros
y miramos cómo recogen las flores
y las putas tan jóvenes y negras
–como en tantos lugares–
y bajamos los ojos
y alguien mira y hace señas
y la ciudad es hostil de repente
y coges el metro en drassanes
hasta el frío hostal donde te alojas
y en la habitación piensas estás solo
pero es que esta vez querías estar solo

por eso es mejor que ella no haya venido
y hubiese mar y olor silencioso
fantasma de sagrada familia y ciudad que no conoces
farolas tristes y la rambla
forasteros y putas y metro
y la habitación del hostal donde estás solo
porque esta vez quieres estar solo







pequeños héroes locales






hoy salgo al balcón y miro
aparentemente no pasa nada importante
sin embargo
la mujer del taxista la del primero
sube a la anciana la del tercero queso
y pescado y los recuerdos que le faltan

aparentemente nadie salta a la vista
sin embargo
el chico rubio del barrio ha cogido vacaciones
para irse por ahí con los chavales
y su hermana saca a pasear al hijo del taxista
que quedó en silla de ruedas cuando lo de la moto

aparentemente nadie parece importar a nadie
sin embargo
la chica que estudió con el de la moto
la que estudió medicina
ayer mismo
volvió de áfrica después de un año
su primer novio
sólo tenían trece años
se ha quedado a cuidar a los hijos
de la mujer ecuatoriana mientras ella espera
en interminables colas poder arreglar sus papeles

aparentemente nadie parece destacar
sin embargo
el marido de la mujer ecuatoriana salvó de
una paliza al chico marroquí que vive en el bajo
el de la puerta de al lado el que no quiso ir a la mili
vuelve del poblado gitano y saluda a la chica
de la frutería la que le da fruta
al que recoge los cartones en mi barrio

aparentemente
digono pasa nada importante
Del libro Ángeles sin cielo (Ediciones Vitruvio, Madrid, 2003)

lunes 4 de enero de 2010

poemas de roberto manzano

Roberto Manzano, Cuba

Qué lucidez temible es asentarse, súbitamente…





Qué lucidez temible es asentarse, súbitamente,
en el nadir: captar a Gnosis cuando baila en las gradas
del sentido, y en los cóncavos
salones de la frente. Qué resplandor
de cometa hacia lo hondo del follaje.

Uno pasa labrando, con círculos concéntricos,
dentro de los asuntos de la propia vida,
una atención: como quien alza un vidrio
y adivina el betún poderoso que fulge en el nácar.
Sentir, de súbito, que la visión alcanza.

Instante en que el viajero flecha el enigma
y hacia el final de las arenas
habla, con labios líquidos, la Esfinge.
Al fin, tras los ramajes, crece la luna.
Se cosen las tablillas con agujas leales.
En una uña del mundo canta el dominio.

Para entonces el sueño ya tiene otro cenit,
ya tiene otro cenit la intuición, petrel del entendimiento.
Ya va, con potros rápidos, de ribera a ribera, la duda.
Ya suena, timbre de árbol más glorioso, la osadía.

Y entonces, hacia el fondo, cuál es el fondo?
Y hacia la altura, dónde está la cúspide?
Y hacia el costado, dónde está la linde?
Esos remos que reman en lo oscuro, oh Colón,
van entrando en los deltas más escogidos de la luz!






Y bien está que yo, que soy un pobre diablo…




Y bien está que yo, que soy un pobre diablo,
me cante un salmo: Loado sea el día cuando aparece
en las jambas gastadas, cuando se va
con pañuelos oscuros por las tapias,
y sea para siempre ensalzado en los caminos,
en los recesos de los escolares, en las meriendas
de los obreros, en las curvas blancas
de las cariátides, y entre los mármoles del bosque.

Loada sea el alba cuando lee febril su partitura
y cuando el soldador baja su máscara,
en el instante mismo en que aquel gladiador de la orilla
vio nacer de su casco cuatro águilas caudales.
Loada sea cuando la niña trenza su trenza
y el pequeño varón traza el navío absorto de la noche.
Loada cuando el tímpano asordó las campanas
y la leche cerró su rostro con la nata.

Loada sea la mañana cuando partimos hacia la penuria
sin botones, sin suelas, con cucharas de ácido.
Loada sea cuando el limón fermenta al cemento
y nos satura la melancolía de la sed y del hambre.
Loada porque estamos vivos, latiendo en el espacio,
fluyendo con Heráclito hacia todos los capítulos.

Está muy bien que yo me cante un salmo, que yo sea
el arpista, el que oye, el que dice las gracias
y el deseo. Yo voy por entre el polvo,
y soy de polvo, y urdo mi destino con manos polvorientas.





Si me desmemoriara, a dónde iría…




Si me desmemoriara, a dónde iría!
A dónde, sin memoria, sino a un aire sin soplo,
a unas libras de tierra ya dispersa,
hacia un pozo sin bordes ni gravedad instantánea.

Si me desmemoriara estallaría infértil, sin aviso.
Quién pondría por mí las letras en la página?
Quién saldría o entraría por los portillos?
Sobre qué silla se sentaría el alma?

Yo tengo que venir de lejos, porque vengo de lejos.
Tengo que acicalar los círculos.
Tengo que sostener estas figuras contra el viento.
Y tengo que pasarlas, en su luz, a los hijos.
Tan sólo así, pasando estas visiones por el hilo,
estaré un día junto a ellos, ya incluido.

Yo he pisado la hierba que aquellos pies pisaron.
He encendido las brasas que otros encendieron.
Brindé alzando los mismos frascos,
con los mismos silencios, con los mismos bullicios.
Y me senté a torcer unas pocas palabras
en idénticos quicios.

Volví y volví, volviendo siempre:
junté y junté, juntando siempre:
surqué y surqué, surcando siempre:
cuando se cierre, sólido de sombra y de esperanza,
el horizonte para alcanzar otros horizontes fugitivos,
estaré dentro del nuevo espacio, acordándome de todo.

domingo 3 de enero de 2010

poemas de javier campos


Javier Campos, Chile


LA ÚLTIMA CARTA DEL ASTRONAUTA


Yo siempre seré tu golondrina en llamas que regresa
El que vive encerrado en esta nave del olvido
El que necesita volar en el bosque de tu casa
Y de allí emigrar desolado al jardín de la luna
Revolotear perdido en los lagos del sol
Dormir miserable en los volcanes congelados de Venus

Sé que nunca podré quedarme junto a tu nido
Porque yo no nací en ningún árbol
Ni en ningún bosque de este planeta
Yo vivía escondido durante el día
En la única rama sin vida de tu jardín
Y nadaba somnoliento en las noches
Bajo las aguas de un lago fosforescente

Por eso mi vuelo es más veloz que la luz
Por eso puedo desaparecer de ti sin quererlo

De tu mismo amor salí entonces
Un pájaro demente y luminoso
Pero no tengo cadenas que me aten a tus besos posesivos
No existen celdas de donde no huya
Ni desiertos donde no encuentre siempre las ciudades
Ni casas selladas donde no deseo nunca vivir

Estoy ardiendo de amor por ti
Y a pesar de que muero en las hogueras de tus viñas
Resucito de esas cenizas amorosas
Para volver a ser un pájaro melancólico
Un pedazo blanco de la luna embriagada
Que pasa veloz por tus ojos una y otra vez

Soy el cartero enamorado que no quiere entregarte nada
Un pájaro doméstico que vuela con un bastón blanco
Un animal salvaje de nadie
Que canta perdido en un bosque de Hadas
Que emigra en los sueños buscando los puertos
Preguntando por las olvidadas estaciones de trenes

No me sigas porque soy yo quien realmente te busca
Soy yo el que te espía tras tu ventana cuando te desnudas
El que desea bailar y esconderse contigo
En el trigo caliente de los graneros de la luna llena

En las noches cuando los astronautas embriagados
Bajan de sus naves espaciales
Y lloran mirando la luna
Buscando con desesperación la estrella de donde vinieron
Yo sólo deseo entrar por tu ventana a dormir contigo
Y dejarte soñando que soy una golondrina inválida
Golpeando los cristales de tu ventana

Nada sacarás con transformarte en lobo
Y salir al bosque a capturarme cuando despiertes
Nunca verás el árbol donde pienso en ti
Ni por mis huellas encontrarás mi rastro

Nunca

Pero deseo tanto que me encuentres
En alguna parte del Universo
Y me sigas como si yo fuera un amante fuera de la ley
Quisiera que fueras poniendo carteles
En todos los árboles
Y escribas allí que me deseas o vivo o muerto

Estoy condenado a seguirte sin quererlo
Siempre seré el pájaro que sueña estar lejos de ti
Pero que sólo quiere esconderse en tu casa
Y allí pudiera abrir la ventana hacia otro planeta
Volara encantado por una película en colores
Donde veo montañas y árboles para cantar
O esperara el pasaje de un tren a otro mundo
Subiera sin equipaje a una nave espacial
Y partiera para siempre sin despedirme jamás de ti

Pero también sé que no me he ido a ningún lugar
Que la nave donde aún vivo
Siempre viaja en sentido contrario
Pasando veloz por los territorios donde viví
hace muchos años
Y donde no reconozco nada mío
Es allí donde me veo amarrado
En el más bello árbol de mis posesiones
Sitiadas por un ejército de la muerte
Condenado a cantar para ti y para siempre
Como toda ave perdida
En los bosques y en la praderas invisibles
de la nostalgia

Sólo los sueños del futuro.




de libro por aparecer en 2007 (escritos todos entre 2004-2006)



Cuando Apollinaire era un joven poeta

A la memoria de Silverio Muñoz



Hay un verso de Apollinaire que no podré olvidar:
“Mi pequeña Louise, quisiera morir en un día que me amaras”

Apollinaire lo escribió el 13 de abril de 1915
o sea a los 35 años y de eso hace casi un siglo

Dicen que Apollinaire era feo y gordo
y ninguna mujer se volvió loca de amor por él
La historia también dice que enloquecido de amor,
y por su propia voluntad, se enroló en el ejército
para pelear en la primera guerra mundial

Fue por el despecho de una mujer indiferente:
ella era la aristocrática y bella Louise de Coligny-Chatillon

En ese tiempo no había televisión ni menos la radio era masiva
recién comenzaba el cine en Paris y el primer film francés,
“Viaje a la luna” de 1902 (donde se parodiaba a los intelectuales)
fue el más famoso
y quizás el joven Apollinaire se dejó fascinar por la imagen visual
(hay que recordar que fue él quien inventó los caligramas
y los poemas ilustrados con dibujos)

Pero Apollinaire partió a la guerra por amor
y no por convicciones políticas ni patrióticas,
por eso no le importó el ruido de los fusiles o cañones
ni caer despedazado su cuerpo por las balas enemigas

Quien sabe si cuando recibió una esquirla de un cañón en la cabeza
miraba la luna, o las estrellas,
o recordaba nostálgico las aguas de el Sena
bajo el puente Mirabeau
Se dice que gran parte de la esquirla quedó pegada en su casco militar
y se salvó por milagro de la muerte
hay una foto famosa de Apollinaire con su cabeza vendada de blanco
como un poeta embalsamado aún por el dolor que le causaba
la bella e indiferente Louise de Coligny-Chatillon

Pero la historia también cuenta que sorprendido Apollinaire,
cuando ya estaba encuartelado, y antes de recibir aquel impacto
en el casco militar,
Louise vió en ese gesto del poeta
un profundo acto de amor que ella no imaginó nunca de
un poeta
gordo y feo

Y partió la bella joven en un carruaje a buscarlo al cuartel
donde Apollinaire se había enlistado y ya marchaba a la guerra
quizás quería morir peleando
o que una bala le atravesara el corazón
puesto que nada había atravesado el corazón de la hermosa
y aristocrática Louise de Coligny-Chatillon

Es decir, ella nunca fue tocaba por ningún avance amoroso del poeta
ni menos por los versos que le escribió en vida
mirando las aguas de el Sena desde el puente Mirabeau

También dicen que cuando Louise partió casi enloquecida de amor
buscando a Apollinaire
-pero la verdad sea dicha es que nunca estuvo loca de amor por él-
ella fue su amante sólo por ocho días
y ella misma arrendó un cuarto de hotel en la ciudad de Nimes
donde estaba el batallón de reclutas preparándose para partir a la guerra

Pero al noveno día Louise lo dejó solo en el cuarto del hotel de Nimes
más abandonado de amor que antes

La pasión de Louise de Coligny-Chatillon se había enfriado y era falsa
y Apollinaire quedó desconsolado

Pero aquella pasión, o sea Louise de Coligny-Chatillon,
que originó la más bella poesía de amor de comienzos del siglo XX,
nunca fue verdadera porque ella jamás amó al poeta

Más aún -y esto quedará quizás como un misterio
en la vida de Apollinaire y en la vida de todo joven poeta-:
el pedazo de proyectil que luego iría a recibir en la cabeza
durante la guerra
fue igual a lo que en vida significó el desprecio amoroso
de Louise de Coligny-Chatillon

La ironía es que 20 años después
cuando la aristocrática Louise de Coligny-Chatillon
era vieja y fea
-y el poeta ya había muerto de pulmonía y joven,
pero sin ser amado por ninguna mujer en vida-;
Louise autorizaba publicar por primera vez
todos los poemas de amor que fueron inspirados por ella

Por eso hay unos versos de Apollinaire que nunca volveré
a olvidar:

Mi pequeña Louise quisiera morir en un día que me amaras
Quisiera ser hermoso para que me amaras
Quisiera que fueras mi vida para ser únicamente para ti
Quisiera que fueras la noche para amarnos en las tinieblas
Quisiera que fueras un proyectil alemán para matarme con
Un brusco amor”

(Paris 2004, con Alba cerca del puente Mirabeau)